La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales —ANLA— expidió la👉 Guía Externa para la Presentación de la Obligación de Cambio Climático, versión 1 del 13 de agosto de 2026. El documento orienta a los titulares de proyectos, obras o actividades sujetos a licenciamiento ambiental sobre cómo estructurar y presentar la información relacionada con cambio climático dentro del seguimiento y control ambiental.
Su propósito es facilitar la comprensión y el cumplimiento de las obligaciones de cambio climático impuestas por la ANLA, mediante lineamientos metodológicos y operativos para cuatro componentes principales: estimación de emisiones de gases de efecto invernadero —GEI—, análisis de variabilidad y cambio climático, identificación y evaluación de vulnerabilidad y riesgo climático, y formulación de medidas de mitigación y adaptación.
¿A quién aplica?
La guía está dirigida a titulares de proyectos, obras o actividades —POA— de los sectores de hidrocarburos, energía, infraestructura, minería y agroquímicos que tengan obligaciones de cambio climático impuestas durante el licenciamiento ambiental.
También sirve como referencia para los equipos técnicos responsables de elaborar los Informes de Cumplimiento Ambiental —ICA— y como herramienta de apoyo para los profesionales de la ANLA encargados del seguimiento y control ambiental.
Un aspecto clave es que la guía no establece una obligación idéntica para todos los proyectos. La propia ANLA recomienda verificar primero el contenido específico del acto administrativo mediante el cual se impuso la obligación, porque su redacción y alcance pueden variar entre expedientes.
El PGCCP como eje de la gestión climática
La guía señala que, desde 2020, la obligación de cambio climático se estructura alrededor de un Plan de Gestión de Cambio Climático del Proyecto —PGCCP—, que integra la cuantificación de emisiones de GEI, las medidas de mitigación, la vulnerabilidad climática y las medidas de adaptación.
El PGCCP es un instrumento técnico que debe guardar coherencia con el Instrumento de Manejo y Control Ambiental —IMCA—. La guía propone tres enfoques para su desarrollo: cumplimiento de lo exigido en el acto administrativo, articulación con la gestión ambiental existente y mejora continua durante el seguimiento del proyecto.
Además, debe garantizar trazabilidad entre el Estudio de Impacto Ambiental —EIA—, el PGCCP y los ICA, mantener consistencia metodológica y disponer de soportes técnicos verificables.
El EIA como punto de partida
La guía establece que el EIA constituye el principal insumo técnico para elaborar el PGCCP. Esto significa que no debería generarse nuevamente información que ya existe y es pertinente.
Se recomienda aprovechar la línea base ambiental, la descripción del proyecto, la identificación y evaluación de impactos y los demás planes y programas existentes, buscando coherencia entre instrumentos y evitando reprocesos o duplicidades.
El alcance del PGCCP permanece circunscrito al proyecto autorizado. Las actividades incluidas en el instrumento de manejo y control ambiental constituyen el límite para desarrollar sus contenidos.
1. Inventario de emisiones de GEI
El primer componente técnico corresponde a la estimación de emisiones de gases de efecto invernadero.
La guía plantea que el inventario debe permitir identificar, calcular y reportar las emisiones generadas durante las diferentes fases del proyecto. Entre los gases considerados se encuentran CO₂, CH₄, N₂O, HFC, PFC y SF₆, entre otros. Si técnicamente se determina que alguno no es generado por las fuentes identificadas, su exclusión debe justificarse.
Para estructurar el inventario se recomienda identificar equipos y maquinaria, procesos y actividades emisoras, fases del proyecto, fuentes directas e indirectas, consumo de combustibles fósiles y consumo de energía eléctrica, según corresponda.
La guía menciona estándares y metodologías como ISO 14064-1, GHG Protocol y las metodologías del IPCC. También admite herramientas de cálculo o software, siempre que la información permita verificar la trazabilidad de datos, fórmulas, factores de actividad y factores de emisión.
Los resultados deben reportarse en unidades del GEI correspondiente y en dióxido de carbono equivalente, utilizando Potenciales de Calentamiento Global a 100 años —GWP100— conforme a los valores vigentes del IPCC al momento del reporte.
2. Variabilidad y cambio climático
La guía diferencia estos dos conceptos.
La variabilidad climática corresponde al comportamiento histórico del clima y sus fluctuaciones naturales, como años más secos o lluviosos, temporadas inusuales o periodos prolongados de sequía. En su explicación conceptual, el documento señala que conocer esta variabilidad mediante datos de al menos 30 años permite comprender las condiciones que puede enfrentar un proyecto durante su vida útil.
El cambio climático, en cambio, corresponde a alteraciones sostenidas y de largo plazo, como aumento de temperaturas medias, cambios en los patrones de precipitación o intensificación de eventos extremos. Para los POA, esto implica considerar que las condiciones futuras pueden diferir de las observadas históricamente.
El análisis debe integrar series históricas, fenómenos hidroclimatológicos, eventos extremos y condiciones biofísicas del territorio, incluyendo pendientes, coberturas, características del suelo y dinámicas hídricas.
Escenarios climáticos futuros
Para la modelización climática, la guía recomienda utilizar las proyecciones más recientes bajo escenarios de 🌐 Trayectorias Socioeconómicas Compartidas —SSP—.
El documento señala priorizar el SSP2-4.5, que caracteriza como un camino intermedio de desarrollo, o utilizar el SSP3-7.0 para analizar un camino más abrupto, al menos para uno de los periodos futuros 2040, 2060, 2080 o 2100. También recomienda emplear información actualizada del IDEAM y proyecciones vinculadas al informe de evaluación más reciente del IPCC.
La guía introduce aquí una precaución importante: los escenarios no deben interpretarse como predicciones o pronósticos. Sus resultados deben analizarse considerando la escala, el alcance y la incertidumbre inherente a este tipo de información.
3. Vulnerabilidad y riesgo climático
El análisis climático no se limita a proyectar temperatura o precipitación. La guía propone evaluar cómo las amenazas pueden interactuar con la infraestructura, los procesos operativos y los recursos naturales utilizados por el proyecto.
La lógica metodológica relaciona:
amenaza climática → exposición → sensibilidad y capacidad adaptativa → vulnerabilidad → riesgo climático
La sensibilidad refleja qué tan susceptible es el proyecto frente a una amenaza, mientras que la capacidad adaptativa representa su posibilidad de ajustarse, responder o recuperarse. La combinación de estos elementos permite establecer niveles de vulnerabilidad, por ejemplo alta, media o baja.
La guía recomienda que estos resultados cuenten con soporte técnico y representación espacial. El análisis del riesgo también debe relacionarse con su dimensión geográfica y considerar amenazas actuales y futuras, exposición y vulnerabilidad.
Un elemento especialmente relevante es que el análisis no debe limitarse a preguntar cómo el clima afecta al proyecto. También debe analizar, cuando corresponda, si una afectación climática sobre el POA puede generar posteriormente efectos sobre el medio biótico, abiótico o socioeconómico.
4. Medidas de mitigación y adaptación
Las medidas deben derivarse de los análisis anteriores.
Las medidas de mitigación deben responder a las fuentes y resultados del inventario de GEI. La guía menciona como ejemplos la eficiencia energética, sustitución de tecnologías, optimización de procesos y control de emisiones fugitivas.
Las medidas de adaptación deben orientarse a reducir la vulnerabilidad y gestionar el riesgo climático. También pueden dirigirse a prevenir o reducir efectos sobre el ambiente derivados de afectaciones del proyecto frente a amenazas climáticas.
La guía permite articular medidas con programas ya existentes, como el Plan de Manejo Ambiental, Plan de Gestión del Riesgo o Plan de Compensaciones, pero exige justificar su condición de medida climática y evitar duplicidades.
Entre los ejemplos que presenta el documento se encuentran los programas de eficiencia energética como posible medida de mitigación y las obras de drenaje, estabilización, almacenamiento, protección o manejo como posibles medidas de adaptación cuando contribuyan efectivamente a reducir vulnerabilidad o prevenir efectos ambientales.
Indicadores y seguimiento
Las medidas deben poder medirse.
La guía recomienda una matriz en Excel editable que incluya, entre otros elementos, tipo y nombre de la medida, amenaza o fuente de emisión asociada, objetivo, descripción, acciones, etapa del proyecto, localización, indicador, unidad de medida, línea base, meta, fórmula, frecuencia de medición y fechas de inicio y finalización.
En los reportes posteriores deben mostrarse los avances frente a estos indicadores y presentarse soportes de implementación como actas, registros fotográficos u otras evidencias verificables.
¿Cómo debe presentarse la información?
Para la primera presentación, la guía recomienda organizar la información dentro de una carpeta del correspondiente ICA e incluir:
- documento del PGCCP en Word o PDF;
- Excel formulado y editable para el inventario de GEI;
- Excel con las medidas y su información detallada;
- anexos complementarios.
Para vulnerabilidad y riesgo climático, además, recomienda incorporar el análisis realizado, un archivo Excel, anexos técnicos e información geográfica y cartografía asociada.
En las actualizaciones debe conservarse la trazabilidad frente a los reportes anteriores, explicar las variaciones observadas y justificar cualquier cambio en datos, factores, fuentes o metodologías.
Más que un capítulo adicional
La guía propone una estructura de gestión climática integrada al seguimiento ambiental del proyecto. Su lógica puede resumirse así:
actividad del proyecto → fuente de emisión → inventario de GEI → medida de mitigación
y
clima histórico y futuro → amenaza → exposición → vulnerabilidad → riesgo → medida de adaptación
El valor técnico del PGCCP depende, por tanto, de que exista correspondencia entre la información de entrada, los análisis realizados, los resultados obtenidos y las medidas formuladas.
La guía cierra con listas de verificación para revisar el PGCCP, las emisiones de GEI, la variabilidad y cambio climático, las medidas de mitigación y adaptación y los reportes de actualización en los ICA. Su finalidad es fortalecer la consistencia, completitud y trazabilidad de la información presentada ante la ANLA.
