La gestión del cambio climático exige responder varias preguntas al mismo tiempo: ¿cuáles son las condiciones del país que determinan su vulnerabilidad y sus emisiones?, ¿cuánto se emite y absorbe?, ¿qué avances existen frente a los compromisos de mitigación?, ¿qué riesgos climáticos enfrenta el territorio?, ¿qué recursos, tecnologías y capacidades se necesitan?, ¿cómo participa la sociedad?, y ¿qué información científica permite sustentar las decisiones?
La 📎 Cuarta Comunicación Nacional de Cambio Climático de Colombia (4CNCC), desarrollada de manera articulada con el Segundo Informe Bienal de Transparencia (2BTR), aborda estas preguntas mediante siete capítulos que conectan las circunstancias nacionales, el inventario de emisiones, el seguimiento de la NDC, la adaptación, los medios de implementación, el empoderamiento climático y la investigación y observación sistemática.
Esta estructura permite comprender la acción climática como un sistema: los datos y diagnósticos sustentan decisiones; las decisiones se traducen en políticas y medidas; su implementación requiere capacidades y recursos; y los resultados necesitan ser monitoreados, evaluados y reportados.
¿Qué es la Cuarta Comunicación Nacional de Cambio Climático?
La Cuarta Comunicación Nacional presenta información sobre las condiciones, capacidades, acciones y desafíos de Colombia frente al cambio climático. Los capítulos consultados se encuentran estrechamente relacionados con el Segundo Informe Bienal de Transparencia y con los requerimientos de información asociados al Acuerdo de París.
No todos los capítulos cumplen exactamente la misma función. Algunos contienen información directamente vinculada con las Modalidades, Procedimientos y Directrices del Marco Reforzado de Transparencia; otros amplían el diagnóstico nacional y documentan capacidades científicas, institucionales, educativas y técnicas que hacen posible la gestión y el seguimiento climático.
Por ejemplo, el capítulo 7 señala expresamente que, para la Cuarta Comunicación Nacional, su función es ofrecer un diagnóstico integral de las capacidades de investigación y observación, mientras que para el BTR2 aporta evidencia complementaria sobre las condiciones científicas y técnicas que sustentan la transparencia climática.
¿Por qué es importante?
Una política climática necesita información que permita establecer qué ocurre, dónde ocurre, por qué ocurre, qué respuesta se implementa y qué resultado se obtiene.
Las circunstancias nacionales condicionan las emisiones y la vulnerabilidad. El inventario permite cuantificar emisiones y absorciones. El seguimiento de la NDC muestra la distancia frente a las metas y el avance de las medidas. Los análisis de adaptación permiten caracterizar amenazas, vulnerabilidad y riesgo. Los medios de implementación muestran las necesidades de financiamiento, tecnología y capacidades. El empoderamiento climático aborda la participación, la educación y el acceso a información. Finalmente, la investigación y la observación sistemática permiten generar y analizar la evidencia que sustenta todos estos procesos.
La fortaleza de la Cuarta Comunicación está, por tanto, en la posibilidad de leer estos componentes de manera articulada y no como asuntos independientes.
¿Cómo está construida? Los siete capítulos
Capítulo 1. Circunstancias nacionales y arreglos institucionales
El primer capítulo establece el contexto desde el cual debe interpretarse toda la información climática posterior.
El documento define las circunstancias nacionales como las condiciones particulares del país que influyen en la manera como Colombia enfrenta y gestiona el cambio climático. Para ello caracteriza aspectos geográficos, demográficos, climáticos y económicos y presenta el marco jurídico e institucional asociado con la gestión climática. El propio capítulo señala que estas circunstancias inciden tanto en mitigación y adaptación como en el comportamiento de las emisiones y, por ello, son relevantes para los demás capítulos.
Colombia posee una superficie total de 2.070.408 km², de los cuales 1.141.748 km² corresponden al área continental y 928.660 km² al área marítima. El territorio se caracteriza mediante las regiones Amazonía, Andina, Caribe, Orinoquía, Pacífico e Insular.
El capítulo analiza biodiversidad, ecosistemas, suelos, recursos hídricos y glaciares, junto con población, condiciones sociales, educación, infraestructura y economía. Un ejemplo de cambio biofísico observado es el retroceso glaciar: la superficie glaciar pasó de aproximadamente 34,85 km² en 2020 a 30,83 km² en 2024, una reducción de 11,5 %.
También presenta instrumentos y arreglos institucionales como el SISCLIMA, la Comisión Intersectorial de Cambio Climático, los PIGCCS, los PIGCCT y el Sistema Nacional de Información sobre Cambio Climático. A escala departamental se reportan 32 PIGCCT formulados, 31 de ellos integrales.
En síntesis: este capítulo explica las condiciones territoriales, sociales, económicas e institucionales desde las cuales Colombia debe gestionar el cambio climático.
Capítulo 2. Inventario Nacional de Emisiones y Absorciones Atmosféricas
El segundo capítulo responde una pregunta esencial para la mitigación: ¿cuánto emite Colombia, qué absorbe y cuáles actividades explican esas emisiones?
Presenta la síntesis del Inventario Nacional de Emisiones y Absorciones Atmosféricas de Colombia 1990–2024, incluyendo gases de efecto invernadero, carbono negro y contaminantes criterio, además de información subnacional.
Las estimaciones de GEI siguen las Directrices del IPCC de 2006 y su Refinamiento de 2019. Para carbono negro y contaminantes criterio se emplean las guías EMEP/EEA. El proceso es liderado técnicamente por el IDEAM mediante el SINGEI y se articula con el SNICC.
En 2024, las emisiones netas nacionales fueron 276.732,8 kt CO₂eq, frente a 225.030,4 kt CO₂eq en 1990, lo que representa un aumento de 23 % durante el período. Sin LULUCF, las emisiones aumentaron 91,5 %, pasando de 104.976,3 a 200.991,0 kt CO₂eq.
El inventario cumple además una función territorial, al desarrollar desgloses subnacionales que permiten analizar las emisiones en escalas departamentales y municipales.
Las cifras del inventario son fundamentales para formular medidas de mitigación y hacer seguimiento a las tendencias nacionales, pero deben interpretarse considerando metodologías, recálculos, incertidumbres y disponibilidad de datos.
En síntesis: este capítulo constituye la base cuantitativa para comprender la trayectoria de emisiones y absorciones del país.
Capítulo 3. Seguimiento a la NDC y progreso en mitigación
Una vez conocido el perfil de emisiones, el capítulo 3 analiza cómo Colombia hace seguimiento a sus compromisos y medidas de mitigación.
El documento caracteriza los sectores que inciden en las emisiones nacionales y presenta los arreglos institucionales establecidos para aplicar, monitorear, reportar y archivar la información necesaria para seguir el progreso de la NDC. También incorpora un análisis de descomposición de emisiones, especialmente para el sector energético.
Para el seguimiento del BTR2 se utiliza la serie actualizada del inventario 1990–2024. Uno de los indicadores centrales compara las emisiones netas nacionales con la meta de 169,44 Mt CO₂eq en 2030.
El documento advierte algo metodológicamente importante: el indicador agregado no atribuye el comportamiento de las emisiones a una medida particular. Refleja simultáneamente políticas de mitigación, actividad económica, cambios tecnológicos, transformaciones en uso del suelo, funcionamiento de los sistemas de monitoreo y recálculos del inventario.
La NDC 3.0 aparece como referencia para metas posteriores, pero el capítulo aclara que su evaluación se realizará progresivamente en los BTR correspondientes a su período de implementación 2031–2035.
En síntesis: este capítulo conecta inventario, metas, indicadores, políticas y medidas y permite observar si la trayectoria nacional se acerca o se aleja de los niveles comprometidos.
Capítulo 4. Impactos y adaptación al cambio climático
El cuarto capítulo aborda la otra gran dimensión de la acción climática: los impactos, la vulnerabilidad, el riesgo y la adaptación.
Presenta información climática histórica y proyectada, análisis territoriales y sectoriales y herramientas para estructurar el seguimiento de la adaptación.
Uno de sus componentes centrales es el Sistema Integrador de Información sobre Vulnerabilidad, Riesgo y Adaptación (SIIVRA). El sistema se articula con el monitoreo y evaluación de la adaptación y permite establecer líneas base de vulnerabilidad, riesgo y adaptación para analizar cambios antes y después de la implementación de medidas. El documento señala expresamente que esta articulación busca ser interoperable y no redundante.
El capítulo también relaciona instrumentos nacionales con el marco internacional del Objetivo Global de Adaptación. Por ejemplo, identifica correspondencias entre indicadores nacionales y los Indicadores de Belém en temas como agua, salud, ecosistemas, pobreza, vulnerabilidad, riesgo, pérdidas y daños y monitoreo y evaluación de la adaptación.
El enfoque de género ocupa igualmente un lugar relevante. El documento resalta la necesidad de datos sociales desagregados, análisis interseccionales y participación efectiva de mujeres y comunidades para orientar medidas de adaptación con mayor pertinencia territorial.
Una idea metodológica transversal es que amenaza climática, vulnerabilidad y riesgo no son conceptos equivalentes. Las variaciones de temperatura, precipitación o nivel del mar permiten caracterizar amenazas, pero la evaluación del riesgo requiere además considerar exposición y vulnerabilidad.
En síntesis: este capítulo busca pasar del conocimiento del cambio climático físico hacia la comprensión de quién o qué está expuesto, qué tan vulnerable es y qué capacidad existe para adaptarse.
Capítulo 5. Financiación, desarrollo y transferencia de tecnología y fomento de capacidades
La acción climática necesita medios concretos para implementarse. Por ello, el capítulo 5 analiza el apoyo requerido y recibido en financiamiento, tecnología, capacidades y transparencia climática.
El capítulo inicia con los avances en estrategias e instancias institucionales y en el Sistema MRV de Financiamiento Climático. Posteriormente presenta definiciones y metodologías nacionales para identificar, organizar y reportar información sobre apoyo requerido y recibido.
El Comité de Gestión Financiera del SISCLIMA funciona como instancia de coordinación para fortalecer la movilización, gestión y seguimiento del financiamiento climático y cuenta con mesas de trabajo en temas como Taxonomía Verde, proyectos sectoriales y territoriales, gasto y financiamiento ambiental y climático, finanzas verdes, inversión privada y banca de desarrollo.
En tecnología, el documento enfatiza que la transferencia no consiste únicamente en comprar equipos o licencias. Debe incluir capacidades, conocimiento, adaptación tecnológica, articulación entre academia y empresas y pertinencia frente a las condiciones territoriales.
También identifica barreras metodológicas, técnicas e institucionales para estimar y reportar necesidades, incluidas la falta de estandarización de costos, dificultades conceptuales y ausencia de algunos indicadores para medir impactos del fortalecimiento de capacidades.
En síntesis: este capítulo muestra que una meta climática requiere identificar no solo qué debe hacerse, sino cuánto cuesta, qué recursos existen, qué falta financiar, qué tecnologías son pertinentes y qué capacidades se necesitan para sostener su implementación.
Capítulo 6. Acción para el Empoderamiento Climático
El capítulo 6 aborda una dimensión esencial para que la política climática trascienda los espacios técnicos: la participación de la sociedad en la acción climática.
La Acción para el Empoderamiento Climático se desarrolla mediante componentes relacionados con educación, formación, sensibilización, participación pública, acceso a información y apropiación social del conocimiento.
Colombia cuenta con una arquitectura institucional que incluye SISCLIMA, CICC, Consejo Nacional de Cambio Climático, Nodos Regionales de Cambio Climático, SNICC y diferentes instancias nacionales y territoriales. El documento vincula esta arquitectura con derechos como participación pública, educación, acceso a información y libertad de expresión.
El análisis evidencia numerosos procesos educativos, comunitarios, territoriales e institucionales. Sin embargo, también identifica una brecha: los componentes de AEC pueden estar siendo aplicados por las entidades sin que necesariamente exista una comprensión o implementación integral del concepto.
La revisión de instrumentos territoriales muestra, por ejemplo, que la educación aparece en 23 de los 28 instrumentos analizados, mientras el reconocimiento de la AEC como enfoque integral es menos extendido.
Otro reto central es transformar el acceso a información desde una lógica de publicación hacia una de usabilidad pública, considerando lenguaje claro, conectividad, alfabetización digital, pertinencia cultural y formatos apropiados para distintos territorios.
En síntesis: este capítulo muestra que la acción climática también depende de quién comprende la información, quién participa, quién puede tomar decisiones y qué capacidades tienen las personas y comunidades para actuar.
Capítulo 7. Investigación científica y observación sistemática
El capítulo 7 cierra el recorrido preguntando: ¿con qué ciencia, datos e infraestructura de observación cuenta Colombia para comprender el cambio climático y evaluar sus respuestas?
Para 2015–2025 se identificaron 4.057 publicaciones científicas, con una tasa media anual de crecimiento de 16,3 %. También se identificaron 1.521 tesis, 4.934 investigadores y 543 grupos de investigación relacionados con cambio climático.
La investigación mantiene una base importante en ciencias naturales, pero se ha ampliado hacia gobernanza, economía, ciudades, infraestructura, agua, biodiversidad, agricultura, energía, adaptación y otros temas.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la producción científica se concentra principalmente en diagnóstico, caracterización, modelación y proyección, mientras existen menos estudios que evalúen la efectividad de políticas y medidas implementadas.
La observación sistemática cubre atmósfera, agua, glaciares, océanos, costas, bosques, coberturas de la tierra, carbono y biodiversidad y utiliza estaciones, radares, sensores, plataformas satelitales, redes marino-costeras y sistemas de información.
El capítulo identifica como prioridades ampliar la cobertura en regiones y ecosistemas subatendidos, garantizar mantenimiento y continuidad de las redes, mejorar la calidad y trazabilidad de los datos e integrar mejor redes nacionales, regionales, privadas y comunitarias.
En síntesis: este capítulo establece la base científica y observacional necesaria para transformar mediciones en conocimiento y conocimiento en decisiones.
¿Cómo se conectan los siete capítulos?
Los capítulos pueden leerse como una secuencia técnica:
Esta secuencia permite comprender que la gestión climática depende de relaciones entre componentes.
El diagnóstico territorial ayuda a interpretar emisiones y vulnerabilidades. El inventario permite establecer una línea de referencia para mitigación. Las metas requieren indicadores para hacer seguimiento. La adaptación necesita información sobre amenaza, exposición, vulnerabilidad y capacidad adaptativa. Las medidas requieren recursos, tecnología y capacidades. Su implementación necesita participación y acceso a información. Y todo el sistema depende de datos confiables, investigación científica y observación de largo plazo.
No obstante, esta relación no debe interpretarse como una cadena completamente cerrada. Los propios capítulos identifican brechas de información, limitaciones metodológicas, desigualdades territoriales, necesidades de interoperabilidad y resultados que todavía no pueden atribuirse de forma concluyente a políticas específicas.
¿Qué principales mensajes deja la Cuarta Comunicación Nacional?
La lectura conjunta de los siete capítulos permite identificar varios mensajes centrales.
Colombia dispone de una arquitectura climática amplia. Existen sistemas de información, inventarios, instrumentos de planificación, instancias de coordinación, redes de monitoreo, capacidades científicas y mecanismos de participación.
La información ha aumentado, pero no está distribuida de manera homogénea. Persisten diferencias entre territorios en infraestructura de monitoreo, capacidades científicas, acceso a información y capacidad institucional.
El seguimiento debe avanzar desde las actividades hacia los resultados. Esta necesidad aparece en mitigación, adaptación, fortalecimiento de capacidades, empoderamiento climático e investigación. Ejecutar una actividad no demuestra automáticamente reducción de emisiones, disminución de vulnerabilidad o aumento de resiliencia.
La interoperabilidad es un desafío transversal. Numerosas entidades producen información, pero los capítulos reiteran la necesidad de mejorar estándares, metadatos, flujos institucionales y conexiones entre plataformas.
Los enfoques de género, diferenciales y territoriales adquieren mayor presencia, pero todavía existen brechas para traducirlos de manera homogénea en datos, indicadores, implementación y evaluación.
La investigación debe avanzar hacia la evaluación de la acción climática. El crecimiento del conocimiento científico es significativo, pero se necesita más evidencia que permita establecer qué políticas funcionan, bajo qué condiciones y con qué resultados.
