Colombia conserva en cuevas, lagunas, antiguos depósitos de arena y glaciares una historia climática mucho más extensa que la registrada por las estaciones meteorológicas. Estos archivos naturales permiten reconstruir cambios en las lluvias, la vegetación, los incendios, la aridez y los glaciares ocurridos miles de años antes de que existieran mediciones instrumentales.
En julio de 2026, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) presentó el informe Avances en estudios paleoclimáticos en la cueva del Indio, la laguna de Fúquene, los médanos de los Llanos Orientales y el volcán Nevado del Ruiz, desarrollado dentro del proyecto Paleoclimatología y Paleoambiente.
El documento constituye el primer estudio oficial integrado de la nueva línea de investigación en paleoclimatología y paleoambiente del SGC. Esto no significa que Colombia no tuviera antecedentes en esta materia: existen investigaciones de varias décadas, particularmente en la sabana de Bogotá, Fúquene y otros sectores de los Andes. La novedad está en consolidar una ruta institucional que articula diferentes lugares, registros naturales e indicadores para estudiar de manera sistemática la historia climática del territorio.
1. ¿Qué es el paleoclima y por qué estudiarlo?
Los registros meteorológicos permiten conocer con precisión las condiciones climáticas recientes, pero abarcan un periodo relativamente corto frente a procesos que pueden desarrollarse durante siglos o milenios.
La paleoclimatología amplía esa ventana temporal mediante evidencias conservadas en la naturaleza. Una estalagmita puede registrar variaciones relacionadas con la lluvia; los sedimentos de una laguna almacenan información sobre vegetación, erosión e incendios; los depósitos transportados por el viento evidencian periodos de mayor aridez; y los glaciares conservan señales de las condiciones atmosféricas y ambientales del pasado.
En Colombia esta información es especialmente importante por la complejidad climática del territorio, determinada por la interacción entre los Andes, la Amazonía, la Orinoquía, el Caribe y el Pacífico, además de sistemas atmosféricos como la Zona de Convergencia Intertropical —ZCIT— y fenómenos de variabilidad como El Niño-Oscilación del Sur —ENSO—.
El objetivo no es utilizar el pasado para predecir directamente qué ocurrirá en las próximas décadas. Se busca comprender mejor la variabilidad natural del clima y generar información que, a medida que avance la investigación, pueda contribuir a reducir incertidumbres en los modelos de variabilidad y cambio climático.
2. ¿Cómo se realizó el estudio?
El SGC adoptó un enfoque multisitio, multirregistro y multi-indicador. En lugar de interpretar el clima a partir de una única evidencia, se combinan diferentes archivos naturales y métodos para contrastar las señales encontradas.
El estudio se concentró en cuatro casos principales:
- Cueva del Indio, Huila: análisis de la estalagmita Indio 01 mediante isótopos estables de oxígeno y carbono, mineralogía y dataciones por carbono 14.
- Laguna de Fúquene: análisis del núcleo sedimentario La Vecindad-01 mediante indicadores estratigráficos, geoquímicos, mineralógicos y biológicos, incluyendo polen, microcarbones y materia orgánica.
- Médanos de los Llanos Orientales: sensores remotos, cartografía geomorfológica, trabajo de campo y definición de sitios para futuros muestreos y dataciones.
- Nevado del Ruiz: utilización de imágenes satelitales del periodo 2015-2025 y combinación de seis métodos para estimar el espesor y distribución del hielo.
3. ¿Por qué la Cueva del Indio?
La Cueva del Indio, localizada en el Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos, en Huila, fue seleccionada por su posición cercana a 1° de latitud norte, en una región donde interactúan la ZCIT, la topografía andina y sistemas atmosféricos asociados con la Amazonía. Además, ayuda a cubrir un vacío de información entre registros paleoclimáticos estudiados en Santander y otros existentes más al sur del continente.
Su valor también está en la presencia de estalagmitas capaces de conservar señales relacionadas con las variaciones de precipitación durante miles de años. En la campaña de 2023 se seleccionaron espeleotemas previamente desprendidos de manera natural, reduciendo la intervención sobre las formaciones de la cueva.
4. Principales resultados
- La Cueva del Indio registra antiguos cambios en las lluvias
La estalagmita Indio 01 conserva información correspondiente aproximadamente al periodo comprendido entre 26.500 y 18.000 años antes del presente.
Los resultados muestran alternancias entre condiciones relativamente secas y húmedas. Entre aproximadamente 24.800 y 20.500 años atrás se identifica una fase de mayor humedad y precipitación. Dentro de ese intervalo aparece una reducción relativa de las lluvias alrededor de 22.500 años atrás, cuya posible relación con el evento climático global Heinrich 2 se plantea de manera tentativa.
Estos resultados muestran el potencial de las estalagmitas colombianas para reconstruir variaciones hidroclimáticas ocurridas durante miles de años.
No obstante, el informe señala que todavía debe fortalecerse el modelo cronológico mediante nuevas dataciones de mayor precisión, por lo que algunas interpretaciones temporales continúan en desarrollo.
- Fúquene conserva una historia de cambios ambientales
El núcleo La Vecindad-01 evidencia importantes transformaciones en la laguna de Fúquene y en los ecosistemas que la rodearon.
En el segmento inferior se observa una marcada ciclicidad entre intervalos asociados con condiciones relativamente frías y secas, mayor erosión y mayor representación de páramo y subpáramo, e intervalos interpretados como más cálidos y húmedos, con mayor desarrollo del bosque altoandino y acumulación de materia orgánica.
El segmento superior presenta condiciones comparativamente más homogéneas y una mayor acumulación de materia orgánica. Con base en correlaciones con estudios anteriores, el informe plantea su asociación con el Holoceno, aunque recomienda fortalecer el modelo de edad mediante nuevos controles cronológicos.
También se identificaron minerales compatibles con aportes volcánicos, posiblemente cenizas que llegaron hasta la laguna. El resultado muestra una precaución fundamental en este tipo de estudios: no toda variación encontrada en un registro natural debe atribuirse automáticamente al clima; también pueden intervenir procesos volcánicos, sedimentarios, ecológicos y geoquímicos.
- Los Llanos Orientales registran antiguos periodos de mayor aridez
Los campos de médanos de la Orinoquía constituyen otro archivo de la historia ambiental colombiana.
Actualmente muchas de estas formas están estabilizadas y cubiertas por vegetación, pero su existencia evidencia periodos caracterizados por mayor aridez, estaciones secas prolongadas y vientos suficientemente intensos para movilizar y acumular grandes cantidades de sedimentos.
Los antecedentes científicos recopilados en el informe reportan edades aproximadamente entre 4.000 y 66.000 años para diferentes médanos de los Llanos Orientales, con una importante concentración entre 10.000 y 27.000 años. Su formación se ha relacionado con mayor estacionalidad, menor cobertura vegetal y fortalecimiento de los vientos alisios.
Es importante precisar que estas edades proceden principalmente de investigaciones anteriores. En esta fase, el aporte del proyecto se concentra en avanzar en la caracterización geomorfológica, diferenciar unidades y seleccionar sitios para nuevos muestreos y dataciones.
El SGC considera necesario fortalecer el control cronológico mediante técnicas como la luminiscencia ópticamente estimulada —OSL— para comprender mejor cuándo estuvieron activos estos sistemas.
- El Nevado del Ruiz: clima y gestión del riesgo
El componente glaciar ofrece uno de los resultados cuantitativos más concretos del estudio.
El espesor en la modelación estima que el hielo del Nevado del Ruiz presenta:
– Mínimo: 22 m.
– Máximo: 97 m.
– Promedio: 48 m.
La comparación con información histórica evidencia además un proceso de deglaciación, manifestado tanto en la reducción del espesor como en el retroceso de la cobertura glaciar.
Esta información tiene una doble utilidad. Por una parte, permite localizar sectores potencialmente adecuados para obtener en el futuro un núcleo de hielo que conserve información climática y volcánica. Por otra, conocer la distribución del hielo aporta información para estudiar el volumen de agua potencialmente involucrado en procesos de generación de lahares asociados con actividad volcánica.
El informe recomienda validar las estimaciones correspondientes a 2025 mediante nuevas mediciones con radar de penetración terrestre —GPR— antes de replicar la metodología en otros glaciares del país.
5. ¿Qué muestran en conjunto estos resultados?
Aunque cada registro representa condiciones locales y escalas temporales diferentes, el estudio muestra varios elementos relevantes:
- El régimen de lluvias del territorio colombiano ha experimentado variaciones importantes durante miles de años.
- Los ecosistemas altoandinos respondieron a periodos más fríos, secos, cálidos y húmedos.
- La Orinoquía atravesó fases con condiciones considerablemente más áridas y mayor actividad eólica.
- Los registros naturales pueden conservar simultáneamente información climática, ecológica, sedimentaria y volcánica.
- Los glaciares actuales también constituyen indicadores sensibles de las transformaciones climáticas recientes.
Precisamente por esta diversidad, el informe insiste en la necesidad de combinar diferentes registros e indicadores y continuar fortaleciendo las cronologías antes de establecer interpretaciones regionales más amplias.
6. ¿Qué aporta este estudio para Colombia?
El principal aporte no consiste en predecir cómo será exactamente el clima colombiano durante las próximas décadas ni en asumir que las condiciones registradas en el pasado necesariamente volverán a repetirse.
Su valor está en ampliar considerablemente la referencia temporal disponible para comprender la variabilidad climática del territorio.
La información paleoclimática puede complementar los registros instrumentales y contribuir progresivamente a:
- comprender mejor la variabilidad natural del clima;
- identificar respuestas de ecosistemas y paisajes ante cambios importantes;
- ampliar las líneas base utilizadas para estudiar el clima colombiano;
- fortalecer futuras reconstrucciones regionales;
- aportar información para mejorar modelos de variabilidad y cambio climático;
- generar conocimiento útil para la adaptación y la gestión del riesgo.
El estudio constituye, por tanto, un punto de partida más que un resultado definitivo. El propio SGC plantea continuar ampliando las dataciones, la cobertura territorial y la integración entre registros naturales.
Colombia no comienza ahora a estudiar su clima pasado, pero sí está avanzando hacia una reconstrucción más integrada, sistemática y territorialmente diversa de su historia climática. Cuevas, lagunas, antiguos médanos y glaciares permiten extender la mirada miles de años hacia atrás y construir referencias que los registros meteorológicos modernos, por sí solos, no pueden proporcionar.
